INTRODUCCIÓN
Se podría decir que las ciudades son como los seres vivos, o como las civilizaciones, porque nacen, crecen, llegan a su plenitud y luego decaen. Córdoba tuvo su edad dorada en el siglo X, en plena época islámica, convirtiéndose en una de las ciudades más importantes del mundo. Entonces fue ejemplo a imitar por otros muchos reinos y ciudades, así como foco de atracción para quiénes querían conocer lo más excelso del conocimiento, la ciencia, el arte y la cultura.
Esta afirmación no está sustentada en el chovinismo o amor a lo local. Son numerosos los personajes de importancia, claramente neutrales, que han puesto de manifiesto la importancia de Córdoba en dicha época. El historiador estadounidense Stanley G. Payne nos dice que “En dimensiones, servicios, cultura y economía, la Córdoba del califato no tenía rivales en Europa occidental, y en Oriente solo Constantinopla podía parangonársele”. En la misma línea se manifiesta un personaje que vivió en aquella época, la monja alemana Roswita von Ganderheim que decía de Córdoba: “Joya brillante del mundo, ciudad nueva y magnífica, orgullosa de su fuerza, celebrada por sus delicias, resplandeciente por la plena posesión de todos los bienes”. Ya en el siglo IX, dentro de lo que podemos considerar el bando cristiano de la época, su papel tampoco queda menoscabado como lo ponen de manifiesto las siguientes palabras del mártir cristiano Eulogio: “Córdoba, en otro tiempo patricia, es hoy bajo las riendas de Abd al-Rahman la floreciente capital del reino árabe, exaltada hasta la cumbre misma de la gloria. La ha sublimado con honores y ha extendido su fama por doquier, la ha enriquecido sobremanera y la ha convertido en un paraíso terrenal”.
Las ciudades importantes irradian su influencia tanto por su forma, es decir, su extensión o la prestancia de sus edificios, como por las actividades que llevan a cabo quienes la habitan. A menudo han sido autores extranjeros los que han hecho hincapié en la importancia de la Córdoba islámica, mientras que muchos historiadores españoles la han minusvalorado, cuando no han tratado a la civilización hispanomusulmana como una especie de postizo; de paréntesis; de algo que no es nuestro. Baste hojear cualquier libro de texto de historia de España para comprobar que se habla de la conquista romana o del reino visigodo pasando de puntillas sobre la palabra invasión, que sin embargo es la más utilizada para referirse a los musulmanes. O constatar la abundante bibliografía de autores españoles sobre la Hispania Romana, o los reinos cristianos del norte, en comparación con la escueta producción sobre los más de ocho siglos de civilización hispanomusulmana.
A veces hay que romper esa inercia y ponerse manos a la obra para acabar con ciertos prejuicios que van anclándose en nuestra memoria colectiva sin que nos demos cuenta. De cómo Córdoba llegó a ser esa ciudad tan importante, del legado que dejó y su trascendencia trataremos a continuación.
LA CIUDAD
La primera cuestión que se nos puede plantear es por qué los musulmanes eligieron Córdoba como su capital. La explicación puede venir dada por dos tipos de factores: geográficos e históricos. Entre los primeros se encuentra el hecho de que era el último punto navegable del río Guadalquivir (el “río Grande” de los hispanomusulmanes), que poseía un puente y también era vadeable. En resumen, que tenía buenas comunicaciones. La abundancia de agua, proveniente de los muchos veneros y arroyos procedentes de la cercana Sierra Morena, así como el clima mediterráneo parecido al norte de África, también hubieron de ser factores a tener en cuenta. Además era desde antiguo una importante encrucijada de caminos entre el norte y el sur y entre el Atlántico al oeste y el Mediterráneo al este. Por otra parte su enclave era defendible gracias a la presencia del río y su emplazamiento sobre una elevación. Disponía de todos los recursos necesarios en sus cercanías: en la sierra bosques, ganadería y minas y en la vega y la campiña agricultura. Posiblemente su cercanía a África, de donde provenían los musulmanes, debió de contar en la elección.
Entre los aspectos históricos destaca el hecho de que ya los romanos la habían elegido capital de la Bética, la más rica de las provincias que componían la Hispania romana. A pesar de perder su carácter de capitalidad de la Bética en un momento no determinado del siglo IV, la Córdoba paleocristiana continuó en expansión. El yacimiento de Cercadilla, descubierto con las obras del AVE, o la presencia del obispo Osio en el siglo IV, ponen de manifiesto que el papel de la ciudad no había decaído. Con la llegada de visigodos primero, y de los bizantinos después, se acentúa la expansión y se produce el traslado de la sede del poder político y religioso hacia el sur, más cerca del río. Allí aparecen la basílica de San Vicente, nueva sede episcopal, y el palacio de los gobernadores, como el visigodo Rodrigo. La ciudad en el siglo VI, en plena ocupación bizantina, alcanza el apogeo. Básicamente será la ciudad que encuentren los musulmanes a su llegada y sobre la que intervendrán sin alterar significativamente los centros de poder, estableciendo en esta misma zona tanto su centro religioso (la Mezquita Aljama) como político (el palacio de los gobernantes, primero valíes, luego emires y más tarde califas).
La primera de las intervenciones islámicas se produce durante el valiato, cuando se crea la que será rauda (o cementerio) real. Con el primer emir, Abd al-Rahman I, la actividad se intensifica: reconstruye las murallas y el palacio del gobernador, ensancha las calles e inicia la Mezquita Aljama. Con su sucesor Hisham I se reconstruye el antiguo puente romano y más adelante el emir Abd-Allah hace edificar el pasillo o sabat que comunica el cercano palacio emiral con la mezquita.
A grandes rasgos, la Córdoba islámica la podemos dividir en tres partes. En primer lugar la medina, la zona noble de la ciudad, que está amurallada y contiene el palacio de los gobernantes y la Mezquita Aljama. En su perímetro corresponde a la que dejaron los visigodos. Extramuros de la medina se encuentran los arrabales o barrios no amurallados, donde vive la gente humilde. Llegó a haber hasta veinte, de entre los que destacan el arrabal de al-Sarquiyya (hoy Axerquía) al este de la medina, el de al-Garbi (“Algarbe”) al oeste y el de Saqunda (hoy Campo de la Verdad), al sur, luego arrasado por el emir al-Hakam I. La tercera parte está constituida por multitud de almunias, casas de recreo y de explotación agraria de los potentados, situadas en los alrededores de la ciudad, bien en la vega, bien al pie de la sierra. Podían ser tanto de propiedad real, como al-Rusafa, como de propiedad privada.
Diversos son los tipos de edificios que encontramos en la ciudad islámica, como variadas sus funciones. La principal función es la religiosa, desempeñada por la Mezquita Aljama, que es el centro neurálgico de la ciudad. Además de esta mezquita principal, existieron otras mezquitas de barrio, de las que al-Maqqari contabilizó más de 3.800. Junto a la Aljama se levanta el Alcázar, de función política. Entre las construcciones de función económica destacan los zocos, las alcaicerías, las alhóndigas, las cecas y el Tiraz. Los zocos son mercados abiertos; no son una construcción sino un conjunto de calles cuyas casas están habitadas por artesanos que tienen el taller y la tienda en su planta baja; se suelen agrupar por oficios cuyo nombre ha dejado huella en algunas calles de la ciudad actual (caldereros, cedaceros…). También dedicadas al comercio estaban las alcaicerías, pero en estas edificaciones se agrupaban distintos establecimientos que ofrecían productos de lujo tales como joyas o tejidos selectos, distribuidos en torno a un patio o galería que por la noche quedaba cerrado e incluso vigilado. Las alhóndigas eran alojamientos para comerciantes, que además de habitaciones para sus huéspedes contaban en su planta baja con establos para las bestias de carga y almacenes para las mercancías. Actualmente, la Posada del Potro puede darnos una idea de cómo eran estos establecimientos hispanomusulmanes. En cuanto a las cecas eran factorías para acuñar moneda, mientras que el Tiraz era una fábrica de tejidos de lujo creada por el emir Abd al-Rahman II.
Numerosos fueron también los edificios de función higiénico-sanitaria. En época de Almanzor se contabilizaban más de seiscientos baños (o hammam), donde se atendían la higiene corporal y la purificación. Existían también los maristanes u hospitales, e incluso se creó uno específico dedicado a la lepra. Por último, debemos mencionar a los cementerios o raudas, situados extramuros de la ciudad. Además de la rauda real existieron otras para el resto de habitantes, a veces, como la judía de la Puerta de los Leones, destinadas a los que profesaban otro credo religioso.
Entre los edificios públicos se encontraban la casa de correos, la casa de rehenes y la casa de la limosna, además de recintos al aire libre como la musara, para desfiles militares, y la musalla, lugar para las procesiones que contaba con un oratorio también al aire libre.
La ciudad, además del caserío, contaba con una serie de infraestructuras u obras públicas para su defensa, abastecimiento y comunicación. La muralla ceñía a la medina y presentaba varias puertas en sus cuatro puntos cardinales, como la Puerta del Puente al sur, la de los Leones al norte, la de Toledo al este o la de Sevilla al oeste. También existía un foso con un perímetro de veintiún kilómetros que la protegía con todos sus arrabales. Varios acueductos procedentes de la sierra la abastecían de agua. Y los puentes salvaban los ríos o arroyos, como el puente sobre el Guadalquivir o el de los Nogales hacia Medina Azahara. Numerosos caminos (al-rasif) comunicaban la capital con todos sus dominios. Entre ellos destacan el propiamente llamado al-Rasif (Arrecife) que transcurría en dirección este-oeste entre la orilla derecha del Guadalquivir y la medina.
En esta trama urbana destacaron una serie de edificios que levantaron los hispanomusulmanes, y que realzaron una ciudad objeto de admiración cuya fama trascendía al-Andalus y se extendía por reinos e imperios cercanos y lejanos. A este respecto es importante tener en cuenta la aportación musulmana al urbanismo. La civilización islámica es una civilización urbana, generadora de un modelo urbanístico original y destacado. No en vano Watt opina que “La contribución más específica del Islam se produjo en la esfera de la urbanización”. La mayoría de la población vivía en ciudades, a diferencia de los reinos cristianos coetáneos donde la población era fundamentalmente rural. Y esa estructura urbana hispanomusulmana ha dejado su huella no solo en Córdoba, sino en numerosas localidades españolas donde aún es bien visible. Se han barajado distintas cifras sobre la población de la Córdoba califal que van desde los 100.000 hasta el millón de habitantes, cantidad esta última muy discutible, aunque los recientes y continuos descubrimientos arqueológicos pueden llegar a desmitificar tan exorbitante cifra. En cualquier caso la población de Córdoba debió ser considerable; Jesús Greus opina: “Córdoba no llegó a tener más de 300.000 habitantes, cifra enorme para la Edad Media. Era una de las cuatro ciudades más grandes del mundo, junto a Constantinopla, Bagdad y El Cairo”. Si tenemos en cuenta que las principales ciudades cristianas peninsulares como Valladolid, con 25.000 habitantes, Salamanca con 15.000, Burgos con 10.000 o Segovia y Palencia entre los 6.000 y 8.000 habitantes, no alcanzaban los 30.000 ni aún en el siglo XV, podemos hacernos una idea del inusitado tamaño de Córdoba en el contexto europeo.
El edificio más destacable es la Mezquita Aljama, iniciada en el 786 por el emir Abd al-Rahman I. El edificio sufriría diversas ampliaciones en los dos siglos siguientes hasta convertirse en uno de los templos más grandes del mundo del siguiente milenio. Dado que los árabes procedían del desierto, donde las ciudades apenas existían y por lo tanto no tenían tradición arquitectónica, tanto las técnicas constructivas como los materiales se tomarían de civilizaciones anteriores; se imitaron los arcos utilizados por romanos y visigodos, pero también se usaron materiales de acarreo, como fustes de columnas y capiteles de antiguos edificios derruidos. El resultado fue espectacular porque se alzó una construcción original partiendo de elementos anteriores; en definitiva, con elementos viejos crearon un lenguaje arquitectónico nuevo y personal de gran trascendencia. El sucesor del primer omeya, Hisham I, construyó el alminar y ya en el siglo siguiente Abd al-Rahman II realizó la primera ampliación, en la que se siguieron utilizando materiales de acarreo, aunque ya aparecieron algunos capiteles, los llamados “de pencas”, labrados a propósito. El siglo X fue el de las grandes intervenciones. La ciudad había ido creciendo en habitantes e importancia y resultaba necesario ampliar su mezquita mayor.
Abd al-Rahman III, el primer califa, mandó levantar un nuevo alminar prismático que sería modelo para los minaretes del norte de África. Este minarete sobrevive hoy, parcialmente desmochado, embutido en la torre de la catedral cristiana construida en el siglo XVI. Conocemos su alzado gracias a imágenes en relieve que se han conservado. El hecho de que sea prismático es destacable, por cuanto hasta entonces los alminares habían sido de planta circular. Este modelo, como se ha dicho, sería imitado en el norte de África, como es visible en Marrakech, y de allí lo importarían los almohades al construir su gran mezquita en Sevilla, dando lugar a la conocida Giralda. Pero la trascendencia de este alminar no para aquí, pues la Giralda a su vez sería fuente de inspiración para las torres de las iglesias mudéjares cristianas, consecuencia esta que resulta especialmente visible en las iglesias de Teruel. Se convirtió así en una especie de alminar de ida y vuelta, como esos tangos de Cádiz que llegados a América retornaron transformados en habaneras.
Con al-Hakam II se llevó a cabo la más rica y bella ampliación de la aljama; los materiales fueron todos nuevos; se utilizaron mármoles, se tallaron atauriques e incluso se trajeron mosaicos desde la lejana Bizancio; aparecieron los arcos polilobulados y entrecruzados y las cúpulas nervadas de los lucernarios. En el siguiente reinado Almanzor llevó a cabo la ampliación más extensa de la mezquita, aunque también la más pobre. Para realizarla se hubieron de expropiar viviendas situadas al este, porque resultaba imposible seguir ampliando hacia el sur a causa del desnivel producido por el cercano cauce del Guadalquivir.
En el siglo X asistimos a la creación de una nueva ciudad, llamada a ser capital y sede del poder político omeya. Abd al-Rahman III decide construir la ciudad palatina de Madinat al-Zahra (La Ciudad Resplandeciente), según la leyenda por motivos amorosos pero en realidad por razones estrictamente políticas y de prestigio personal, pues se trataba de realzar su recién adquirida dignidad de califa, al tiempo que imitaba y rivalizaba con los califas orientales de Bagdad y El Cairo. Las obras se iniciaron en el año 936 y para ellas se trajeron materiales ricos incluso desde otros países. Su diseño resulta sorprendente frente a la idea difundida del urbanismo islámico como laberíntico. A unos 5 kilómetros de Córdoba en dirección oeste y a los pies de Sierra Morena, se delimita un rectángulo amurallado, un tanto irregular en su lado norte para adaptarse a la topografía, que tiene casi 1.800 metros de este a oeste y 800 de norte a sur. Su trazado interior es rectilíneo y está bien abastecido por acueductos procedentes de la sierra. En el centro de su lado norte, con planta cuadrada y amurallamiento propio, se levanta el alcázar, sede de la corte y residencia del califa y los altos cargos del gobierno. Tal área ocupa un 10 por ciento de la superficie de la ciudad y es la única que se ha excavado hasta la actualidad, junto con la mezquita, que se encuentra adosada al lado oriental del alcázar aunque extramuros de él. El conjunto se extiende en terrazas, correspondiendo la superior al alcázar y la inferior a la ciudad propiamente dicha, donde se levantan la mezquita y las casas de sus habitantes. En el alcázar los edificios se agrupan en torno a patios; excepto el principal de ellos: el Salón del Trono, también conocido como Salón Rico o de Abd al-Rahman III, que se abre a un espacio ajardinado donde el agua adquiere protagonismo con la presencia de cuatro albercas y canales que lo recorren.
A pesar de ser una magnífica creación fruto de un reino en su cénit, a pesar de la solidez y riqueza de los materiales empleados, y a diferencia de la Alhambra granadina, Medina Azahara no llegó a sobrevivir ni siquiera un siglo a su creación. Marginada primero con la fundación de Madinat al-Zahira por parte de Almanzor al filo del milenio, fue destruida a causa de la fitna o guerra civil acaecida hacia el año 1010, que acabó poniendo fin al Califato de Córdoba y dando lugar a la creación de los débiles reinos de taifas musulmanes. Desde entonces, y hasta el mismo siglo XX, sus materiales fueron objeto de desmantelamiento y saqueo, tanto para construcciones cristianas, como el cercano monasterio de San Jerónimo, como para embellecer construcciones islámicas posteriores en al-Andalus y en el norte de África. De ahí que no sea extraño ver un fuste o un capitel procedente de Medina Azahara en alguna casa de Andalucía o de Marruecos. Peor suerte corrieron los mármoles de sus pavimentos, muchos de ellos triturados para ser convertidos en cal.
Pero la arquitectura de esta época también nos ha legado el llamado “rectángulo cordobés” o “proporción cordobesa”, lo que está relacionado con la “proporción áurea” o “divina proporción” utilizada en época antigua como canon de belleza en la planta y el alzado de los edificios. En definitiva, se trata de que un rectángulo, para resultar atractivo o bello, debe mantener ciertas proporciones entre sus lados. El cordobés, estudiado por el arquitecto Rafael de La-Hoz, difiere en sus proporciones del clásico, pero su resultado es igualmente bello. Está presente en muchas construcciones de la época.
LOS HOMBRES
Pero las ciudades no las hacen solo sus edificios, sino la actividad cotidiana de sus gentes y las relaciones que entre ellas se establecen. Naturalmente la gran mayoría de habitantes de Córdoba eran gentes humildes, dedicadas al trabajo en la agricultura o la artesanía, con el preceptivo descanso de los viernes. Hablar de su forma de vida merece, como mínimo, un artículo propio, por lo que en esta ocasión nos limitaremos a trazar un breve esbozo de algunos personajes destacados, influyentes o significativos. Los hay de varios siglos, de varias ocupaciones, de varias religiones: monarcas y médicos, musulmanes y judíos; también podríamos haber incluido algún cristiano, pero hemos tratado de no extendernos demasiado al tiempo que realizar una selección lo más variada y demostrativa posible.
Abd al-Rahman I, el primer emir
Vivió en el siglo VIII. Era nieto del último califa omeya, el que consiguió sobrevivir a la matanza de su familia a manos de los abasíes. Tras años huyendo de sus perseguidores, atravesó el norte de África y consiguió llegar a las costas de al-Andalus, donde contaba con partidarios. Junto a ellos derrotó al wali o gobernador abasí y de este modo pudo proclamarse emir independiente del califato abasí en el año 756. Es por tanto el primer emir y fundador de la dinastía omeya cordobesa. Fue llamado “El Emigrado” y también “el Sacre Omeya”. Inició la Mezquita de Córdoba y levantó la almunia de al-Rusafa. Ibn Idhari nos ha legado este retrato de él: “Era alto, rubio, tuerto, de mejillas enjutas y tenía un lunar en el rostro; llevaba los cabellos esparcidos en dos tirabuzones…Tuvo once hijos varones y nueve hijas”.
Ziryab, el músico
Este nombre es un apodo que significa mirlo o pájaro negro. Nació en Bagdad y se dedicó a la música, pero los celos profesionales de su maestro le empujaron a emigrar. Abd al-Rahman II lo llamó a su corte, donde su influencia, no solo en el campo de la música, resultó enorme. Introdujo la quinta cuerda en el laúd e impuso el plectro de garra de águila en lugar del habitual de madera. Prácticamente se convirtió en el árbitro de la elegancia, una especie de Petronio, de la Córdoba del siglo IX. Introdujo el ajedrez (que después se extendería por el occidente cristiano), las copas de cristal en sustitución de las metálicas, el orden en que se debían servir los platos…e incluso llevó a la mesa los hoy considerados exquisitos espárragos trigueros. Aunque fueron muchas más sus curiosas aportaciones.
Abenbaxir, el juez
Su nombre en árabe es Muhamed ben Baxir. Nacido en Beja, actualmente en Portugal, este juez estudió en Córdoba en el siglo IX. Fue recomendado por un enemigo para ocupar la plaza de un importante juez recién fallecido. El emir al-Hakam I lo mandó llamar, cita a la que acudió puntualmente, no sin antes hacer un alto en Almodóvar para pedirle consejo a un amigo eremita con respecto a si debía aceptar el cargo. Su amigo le hizo tres preguntas cuyas respuestas ponían de manifiesto su integridad, por lo que el eremita le aconsejó que aceptase. Fue uno de los mejores jueces de al-Andalus. Pronunció una sentencia contra el propio emir, negándole el derecho sobre los molinos del puente. Al-Hakam I no solo no tomó represalias contra él, sino que agradeció la imparcialidad de su sentencia.
El primer califa: Abd al-Rahman III
Apodado al-Nasir (el Victorioso) fue elegido sucesor por su abuelo, este personaje, duro y sensible a la vez, se proclamó califa en el año 929. Llevó al-Andalus a la cumbre de su esplendor en todos los sentidos. Construyó un nuevo alminar para la Mezquita y mandó levantar Medina Azahara, donde trasladó la corte. Llegó a tener 3.500 esposas y se vio obligado a ejecutar a uno de sus hijos. Declaró que a pesar del poder de que había gozado, solo había sido feliz catorce días a lo largo de toda su vida. Ibn Idhari lo muestra así: “Tenía la piel blanca y los ojos azul oscuro; era de estatura mediana, hermoso de cuerpo y elegante; se teñía de negro”.
Dos médicos: Hasday Ibn Shaprut y al-Gafeqi
Ibn Shaprut vivió en el siglo X y fue un judío que alababa la tolerancia. Llevó a cabo la cura de obesidad de Sancho I el Craso, rey de Castilla que se trasladó hasta Córdoba para someterse a su tratamiento durante el reinado de Abd al-Rahman III. Entre otros méritos cuenta el de haber traducido del griego al árabe el importante tratado de medicina de Dioscórides.
Al-Gafeqi vivió dos siglos después, era árabe de familia oriunda de Belalcázar. Destacó como oculista, siendo experto en operar de cataratas. Escribió una obra titulada Guía del oculista, cuyo manuscrito se conserva en la Biblioteca del Real Monasterio del Escorial. Fue también buen farmacéutico y se discute si fue el inventor de las gafas, nombre que puede derivar del suyo.
Dos filósofos: Averroes y Maimónides
Además de su sabiduría y de ser coetáneos, pues vivieron durante el siglo XII, ambos comparten el hecho de haber sufrido el exilio, siendo uno árabe y el otro judío. El filósofo Averroes, que pertenecía a una familia de destacados juristas musulmanes, nació en Córdoba y murió en Marrakech, aunque su cuerpo fue trasladado hasta la ciudad natal. Sus obras abarcan la teología, la medicina, la astronomía y las ciencias jurídicas, pero donde se convierte en una personalidad destacada es en filosofía porque hizo posible la reentrada en Europa de la cultura clásica.
Moisés ben Rabbi Isaac (Maimónides) nació igualmente en Córdoba, en el seno de una importante familia judía que se consideraba descendiente de David. Gran médico y filósofo, hubo de exiliarse a El Cairo a causa de la intolerancia de los almohades; allí se convirtió en médico y secretario de Saladino. Destacan sus libros sobre medicina y su obra Guía de perplejos, compendio del saber judío de la época.
EL LEGADO
La importancia de la ciudad es también visible en la toponimia, encontrando localidades en varias provincias españolas cuyo nombre deriva del de nuestra ciudad, como Cordobilla de Lácara (Badajoz) o Cordobilla de Aguilar (Palencia).
Pero el legado de aquella civilización que tuvo Córdoba como centro no está únicamente compuesto de algunos edificios y varios nombres de personajes que han pasado a la historia. Si cabe, lo más importante de él es una serie de conocimientos, de prácticas y de costumbres que se incorporaron no solo a la vida cotidiana de nuestro país sino que, irradiando desde aquí, pasaron a formar parte de la de otros muchos.
En este legado podemos distinguir dos grandes grupos: el, digamos, más “material” y el más inmaterial. El primero sería el que todavía es más palpable, más visible, mientras que el segundo resulta el más intangible, el que forma parte de las ideas, del intelecto.
Dentro de ese legado que hemos denominado material encontramos la introducción de nuevos cultivos, como los cítricos, el algodón, el melón, el azafrán, la berenjena, el arroz o la caña de azúcar, que luego los españoles llevamos a América. También se perfeccionaron o introdujeron nuevos sistemas de cultivo y de regadío que han llegado casi hasta nuestros días. Igualmente incorporaron novedades con respecto a los animales, como la introducción de la oveja merina (luego tan trascendente para la economía castellana) o el gusano de seda. Nuestra gastronomía actual sería inimaginable sin el concurso de las aportaciones hispanomusulmanas, porque ellos inventaron los sorbetes o trajeron las albóndigas, el turrón y el mazapán, entre otros. En el campo de la artesanía desarrollaron el trabajo en cuero (cordobanes) o la fabricación de azulejos. Y qué decir de instrumentos como el astrolabio sin el cual el descubrimiento de América hubiese sido casi imposible.
No menos trascendente fue el legado inmaterial: las aportaciones en las matemáticas, en la lengua y en la literatura, en la medicina o en la filosofía. Es significativo que la palabra álgebra sea de origen árabe, pero mucho más importante es que el desarrollo de las matemáticas hubiera sido imposible sin la incorporación de los números utilizados hoy día, que sustituyeron a los romanos y fueron introducidos por los musulmanes. Son numerosas, más de tres mil, las palabras del español de origen árabe; desde las relacionadas con el agua (acequia, alberca, noria) a las relacionadas con la construcción (albañil) o la topografía (arrecife), incluyendo expresiones tan castizas como “¡ojalá!” (quiera Dios) y “¡olé!”. También la literatura española es deudora de la hispanomusulmana, como lo demuestran las jarchas.
En definitiva, todo un legado sin el que es imposible entender la historia de España y aun la del occidente cristiano.
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La aparición de Internet significó la llegada de un nuevo recurso educativo de múltiples posibilidades. Por fin contábamos con esa especie de “biblioteca universal” a la que podría acceder libremente cualquier persona, teniendo al alcance de la mano todo el conocimiento acumulado por la Humanidad. Y ello de una forma rápida, inmediata y aparentemente asequible. La biblioteca, por otra parte, más completa de la que nadie hubiera dispuesto nunca a lo largo de la historia, al estar compuesta no solo de texto, sino también de imágenes y sonido. En fin, el ideal democrático por excelencia.
En el ámbito educativo, las expectativas surgidas fueron obviamente mayores que las despertadas en su día, y sucesivamente, por la radio, la televisión y el video. Si bien pronto surgieron las discrepancias entre los docentes que podríamos denominar “tecnófilos” y los “tecnófobos”. Una discusión que venía de lejos por cuanto que éstos últimos relativizaban mucho la incidencia de aquellos nuevos recursos (radio, televisión, video) en la esencia de la educación.
Desde ese momento tanto la administraciones públicas como parte del profesorado defendieron la incorporación de Internet -y por extensión de las llamadas “Nuevas Tecnologías” (NN.TT. o TIC: Tecnologías de la Información y la Comunicación)- a los centros escolares.
Mucha tinta y mucho dinero se han dedicado en los últimos años a la defensa e implantación de las NNTT en los centros docentes españoles. Sin embargo, en este aspecto seguimos en la cola de los países europeos, porque lejos de la retórica de los políticos, la realidad se muestra tozuda: escasos presupuestos (las “modernizaciones” son más fachada publicitaria que voluntad real), pobre penetración de Internet en los hogares españoles, paupérrima reflexión didáctica, raquítica dedicación a la formación del profesorado... En definitiva, un escenario poco propicio en nuestro país para aprovechar todas las posibilidades de las TIC, sin que por ello queramos defender que sean la panacea para resolver el reto que supone la Educación.
1.- Colectivos implicados: actitudes y hechos
Administración, profesorado, padres y alumnado constituyen los principales colectivos implicados en la incorporación de Internet a la educación. Estos colectivos han mostrado una actitud heterogénea con respecto al nuevo recurso que conviene analizar por separado para poder hacerse una idea lo más cercana posible a la situación actual.
1.1 La Administración
Tanto desde el gobierno central, como desde los diversos gobiernos de las comunidades autónomas, se ha ido impulsado la expansión de estas Nuevas Tecnologías (NNTT), si bien hasta la fecha (marzo 2005) podemos calificar este impulso como más bien escueto, probablemente como consecuencia de la cicatería presupuestaria a la que nuestro país está sometido en materia de educación.
Todavía es frecuente ver anunciado en la prensa el objetivo de las administraciones: dotar a todos los centros docentes de un ordenador por cada dos alumnos, pero el plazo o no se menciona o simplemente se pospone. Así, la anunciada lucha contra la llamada “brecha digital”, se va dilatando.
Como ejemplo baste decir que en Andalucía existen todavía muchos centros de secundaria donde no hay plazas de profesores de informática especialistas y que en algunos centros TIC la enjundiosa tarea del mantenimiento de los equipos recae sobre un profesor no especialista, lo que ni mucho menos quiere decir incompetente, que normalmente se hace cargo de la misión por puro voluntarismo.
Al margen de la dotación de equipos, tampoco se han dedicado muchos recursos a la formación del profesorado, que en numerosos casos ha de recurrir a su propio bolsillo para sufragar cursillos de nuevas tecnologías, ante la escasez de plazas ofertadas en los organizados por las administraciones educativas. Con lo que volvemos a presenciar algo que por ser muy frecuente no deja de ser chocante en el sector educativo y es que el empleado tiene que pagar su formación.
No le ha ido mejor al desarrollo del software adecuado. Casi diez años después de la irrupción pública de Internet en España, siguen siendo escasos los programas educativos específicos que sean verdaderamente útiles. Por otra parte, las bienintencionadas iniciativas por el software libre (Linex, Guadalinex...), en la práctica no han dejado de ser aún meras declaraciones de intenciones, pues mayoritariamente se ha de seguir recurriendo a programas de pago.
1.2 El profesorado
Como docentes, y como personas, debemos indudablemente celebrar la aparición de este nuevo recurso que es Internet: acceso inmediato a todos los conocimientos de que dispone la humanidad. Pero acceder no es “conocer”, no es “saber”. Partidarios del constructivismo educativo vienen haciendo hincapié en que el profesor ya no es el único transmisor de conocimientos, que debe abandonar ese rol (ahora sustituido con mayor perfección por las NNTT), pero olvidan que antes el profesor, el maestro, era además un guía que orientaba y aportaba valores, cuestiones inherentes a la educación de las que hemos disfrutado las generaciones anteriores y que se han de considerar mucho más importantes que la mera transmisión de conocimientos, por otra parte también accesibles tiempos atrás, mediante los libros o cualquier otro soporte.
Ahora más que nunca la labor del profesorado debe ser orientar ante la cantidad y heterogeneidad de contenidos disponibles en la Red, para evitar que el alumnado se pierda ante el marasmo de información al alcance de la mano. Información por otra parte inútil si no es comprendida por los discentes, quienes con mucha frecuencia caen en el vicio del “copiar y pegar” que en nada eleva su nivel educativo.
A este respecto José Antonio Marina refiere el caso contado por Séneca: “Un patricio romano, ávido de cultura, hizo que cada uno de sus esclavos aprendiera de memoria un libro. Así consiguió tener una biblioteca viviente a la que podía consultar con facilidad. Fue, sin duda muy astuto, pero se equivocó al pensar que con esa artimaña se había vuelto muy sabio. El acceso a redes de conocimientos nos está produciendo un espejismo parecido”. (1)
Sin duda el profesorado deberá realizar un gran esfuerzo para depurar la ingente cantidad de información disponible en la Red, con el inconveniente además de que esa información es igual e instantáneamente asequible al alumnado. Con lo que puede darse el caso, en asuntos de actualidad, de que el alumno conozca ciertos datos antes que el profesor. Sobre todo teniendo en cuenta que los grupos de edad jóvenes son quienes más utilizan Internet. Sin embargo, la misión del docente de formar alumnos críticos cobrará más sentido que nunca.
Otros son los problemas a los que se enfrenta el profesor que intenta utilizar Internet en el aula. El primero de ellos es la visión de Internet que tiene el alumnado: el chat y las páginas web de contenido poco recomendable ejercen una atracción enorme en los alumnos cuando éstos se ven libres en los océanos de Internet, que muy bien se pueden calificar en este caso de auténtica “Telaraña”. Ante esta situación el profesorado se encuentra inerme, por cuanto no se ha desarrollado suficientemente el software adecuado, de forma que gran parte del tiempo hay que dedicarlo a evitar que el alumnado se dedique a tareas inconvenientes. Por otra parte, se corre el riesgo, que debemos evitar, de recurrir a Internet cuando cunde el desánimo y tratamos así de entretener al alumnado, como ha ocurrido a veces con el uso del video.
Los escuetos recursos dedicados a la formación del profesorado en NN.TT., junto a las nulas ventajas concedidas al colectivo para la adquisición de equipos informáticos o para la conexión a líneas de alta velocidad -entre las más caras de Europa-, se suman a los demás inconvenientes y acaban de explicar las reticencias mostradas por una gran parte del colectivo ante el nuevo recurso.
1.3 Los padres
Aunque existen diferentes actitudes en función de la clase social y el nivel de renta, muchos de ellos ven en el ordenador solo un juguete caro y en Internet un gran peligro que distrae del estudio a sus hijos, amén de otros riesgos que con frecuencia son aireados en la prensa. La penetración de Internet en los hogares españoles sigue siendo baja en comparación con los países de nuestro entorno, en parte debido al elevado precio de la conexión y en parte al recelo, que los padres comparten con muchos profesores, causado por las dificultades para evitar que durante la navegación los hijos puedan visitar sitios inconvenientes cuando no verdaderamente indeseables.
1.4 El alumnado
La accesibilidad a Internet fuera del aula por parte del alumnado varía en función de las clases sociales. En la clase media-media es donde más conexiones se dan, mientras que la clase baja presenta un porcentaje raquítico de conexiones (Ver GRÁFICO I). La proliferación de los llamados cibercafés con precios asequibles, hacen posible el acceso a Internet a las clases más desfavorecidas, lo que unido a la paulatina implantación de centros TIC y las cada vez más presentes conexiones ADSL en la mayoría de los centros de secundaria, parecen conjurar a medio plazo el peligro de “brecha digital” interna.
El otro aspecto a tener en cuenta es la actitud y uso que el alumnado mantiene con respecto a la Red. En el peor de los casos –actitud muy generalizada- lo utilizan para charlar, conocer gente o indagar en territorios ignotos y atractivos para su edad a los que de otra forma difícilmente tendrían acceso. En resumen, una forma de magnético entretenimiento al que recurrir rápida y fácilmente cuando la vigilancia del profesorado o de los padres se debilita. En el mejor de los casos, cuando se trata de realizar alguna tarea, la mayor parte de las veces rige, lógicamente, el principio económico de “mínimo esfuerzo, máximo rendimiento”; es decir, el “copiar y pegar” facilitado además por los excelentes buscadores actualmente disponibles. Es así como la información fluye delante de sus ojos, que no por su mente, y, como la electricidad por un hilo de cobre, pasa sin dejar huella. De manera que el llamado “problema cognitivo” ni siquiera se llega a plantear.
En los últimos años en Francia se instituyó a modo experimental el sistema denominado TPE (travail personnel encadré), entre cuyos objetivos primordiales estaban el uso de Internet como fuente de información y el promover cierto espíritu crítico con respecto a la Red, pues a menudo el alumnado toma como cierto todo lo que allí aparece. El alumno debía investigar sobre un tema escogido por él dentro del currículo y a final de curso presentar su trabajo ante un tribunal compuesto por profesores de otros centros, quienes emitían una calificación que formaba parte de la nota final de curso. Al cabo de cinco años sucedió lo previsible: los antiguos alumnos colgaban sus trabajos en Internet y los nuevos los copiaban. A pesar de que los temas cambiaban cada año no se pudo evitar el plagio masivo. Como consecuencia se han suprimido los TPE de bachillerato a partir del próximo curso.
Ni que decir tiene que no todo el alumnado se comporta así, pues hay una minoría que usa adecuadamente Internet, pera esa minoría es la misma que antes recurría a las bibliotecas públicas o paternas para realizar trabajos serios.
2.- Internet en España y en español
La implantación de Internet en nuestro país se ha desarrollado de una forma más lenta de lo esperado. Posiblemente este hecho sea en parte debido a los elevados precios de conexión antes mencionados. Lo cierto es que nos encontramos lejos del nivel de conexiones y uso que se da en países de nuestro entorno como Alemania, Reino Unido, Francia, Holanda, Suecia o Suiza. En marzo de 2004 no se llegaba en nuestro país a los doce millones de usuarios, cifra que en términos absolutos y relativos está muy por debajo de los cuarenta millones en Alemania, los veintisiete de Italia o los seis y medio en Suecia en esa misma fecha.
Por otra parte la presencia del español en la red pone de manifiesto el atraso en que nos hayamos sumidos. Para comprobarlo basta teclear en un buscador el nombre de un personaje, hecho u obra de trascendencia universal y comprobaremos como los sitios web en inglés decuplican a los existentes en español, a pesar de ser la segunda lengua internacional más hablada. Sin duda este fenómeno se podrá achacar al menor desarrollo socioeconómico de los países hispanohablantes, pero no deja de ser significativo.
3. Y sin embargo es el gran recurso
Las “enciclopedias libres” o “wikipedias” (2), son un recurso de fácil manejo con amplias posibilidades didácticas. Se encuadran dentro del software libre y a diferencia de otras enciclopedias su consulta es gratuita. Pero además son colaborativas, es decir, cualquiera puede incorporar sus conocimientos con respecto a un tema o artículo, por lo que están en continuo crecimiento y perfeccionamiento. Su utilidad en el campo de la educación en valores está clara; en cuanto a su vertiente de fuente de consulta tiene sus detractores. Pero sin duda es un interesante instrumento para que el alumno vaya construyendo sus conocimientos, estimulado por la edición on line, a la vez que el apartado de “historial” permite una fácil evaluación del alumnado y la corrección de posibles errores.
En cuanto a las denominadas “web quest” ni que decir tiene que se han revelado como una útil herramienta de evaluación que además estimula la conexión a Internet para uso didáctico. Han proliferado mucho en todas las disciplinas y tiene como valor añadido el que sirven de repaso a los conocimientos impartidos. Cuentan también con la ventaja de que mediante programas como Hot potatoes resultan fáciles de elaborar, sin necesidad de grandes conocimientos de informática.
4.- Conclusiones
Resulta difícil hacer pronósticos que luego resulten acertados con respecto al papel que desempeñará Internet en la escuela del futuro. En estos momentos nos encontramos en el “ojo del huracán” y éste es mal lugar para analizar lo que ocurre en su interior y hacia donde se dirige. De momento estamos a merced de la vertiginosa velocidad a la que se mueve la Red, que, para bien o para mal, va imponiendo su ritmo. Pero no resulta aventurado afirmar que las cosas están cambiando y ese cambio va a dejar su huella en la educación, si bien aún no llegamos a vislumbrar el alcance de esos cambios.
Hay que saludar la llegada de este nuevo y potente recurso, como cualquier otra novedad que contribuya a la mejora de la educación y por ende a elevar la formación y el bienestar de la Humanidad. Y aún con todos los aspectos negativos que presenta, no se debe dejar de contemplar con un moderado optimismo. Sin duda es un gran reto para los educadores, a los que espera una ardua labor porque habrá que ir desbrozando el terreno y separando el grano de la paja. Un nuevo y apasionante episodio en la aventura del conocimiento del que habremos de aprovechar todas sus posibilidades.
GRÁFICO I
5.- Notas
(1) MARINA, J. A.- El timo de la sociedad de la información. En: Educación e Internet. Madrid, Grupo Santillana Ediciones, 1999. pág. 13.
(2) Ver:
El objeto de esta modesta comunicación no es otro que mostrar una pequeña experiencia llevada a cabo sin muchas ambiciones, pero que pretende servir como base real, aunque limitada, para la reflexión sobre el tema objeto de este Congreso.
CUESTIONES PREVIAS
La razón de esta experiencia, fue el convencimiento de la necesidad de incorporar las nuevas tecnologías (en este caso INTERNET) a la enseñanza. La justificación viene dada por las enormes posibilidades de Internet en el acceso al conocimiento y la facilidad y rapidez de comunicación con otros interlocutores que nos ofrece este medio. En efecto, Internet nos ofrece algo con lo que la humanidad ha soñado desde los comienzos de la historia: una fuente de todos los conocimientos humanos a los que cualquiera pueda acceder de forma sencilla y rápida, y aun más con imágenes (e incluso voz y movimiento) en el acto. Nunca antes el acceso al conocimiento ha sido tan democrático ni económico.
El punto de partida era bastante pobre, pues en el centro educativo en el que se realiza la experiencia cuenta tan solo con una sala de informática con veinte ordenadores bastante utilizada y solicitada por profesores de muchas materias académicas, en la que solo seis ordenadores cuentan con una conexión a Internet simple, que al estar formando una red hace que la navegación sea bastante lenta. Por otra parte, de una encuesta realizada al alumnado (100 alumnos/as encuestados) la conclusión era que solo el 7% del alumnado disponía de ordenador en casa, y de este porcentaje solo la mitad disponía de conexión a Internet. La mayor parte del alumnado nunca había accedido a la Red y el término INTERNET les “sonaba” a algo de ordenadores. Además solo en el pueblo cabecera de comarca (Montoro) existía una especie de “cibercafé” con siete ordenadores conectados, por lo que más de un 90% del alumnado nunca había accedido a la “telaraña”. Hemos de tener en cuenta que la comarca (el “Alto Guadalquivir” cordobés) es una zona agraria deprimida, con un bajo nivel de renta y alto de paro, y aunque el alumnado es interclasista, la gran mayoría pertenecen a familias humildes.
LOS OBJETIVOS
Partiendo de la situación descrita anteriormente los objetivos no podían ser nada ambiciosos, sino más bien básicos y simples:
1) Que vieran someramente las posibilidades que ofrece de Internet.
2) Que se familiarizaran con conceptos y operaciones imprescindibles.
3) Estimular el afán de conocimiento en general (aunque en este caso en Historia en particular).
4) Fomentar la participación y la comunicación aprovechando esta nueva tecnología.
LAS EXPERIENCIAS LLEVADAS A CABO
Fueron dos:
a) Crear una página web de la bastante dinámica asociación de alumnos del Centro.
b) Búsqueda de contenidos de Historia (asignatura que imparto).
EXPERIENCIA A)
En el curso 1999-2000 se solicitó una subvención a la Junta de Andalucía (dentro de las subvenciones establecidas para fomentar el asociacionismo estudiantil en Enseñanzas Medias) para la adquisición de un ordenador con módem, a fin de conectarse a Internet y elaborar una página web de la asociación de alumnos. La subvención fue aprobada y se llevó a cabo lo previsto, disponible en la actualidad en la web Pobladores.com
Sin ánimo ninguno de hacer publicidad gratuita, se eligió Pobladores como lugar de ubicación por la facilidad para gestionar la página con rapidez, sin conocimientos de informática elevados y con la posibilidad de que haya varios “administradores”, es decir, varios alumnos/as que pueden introducir modificaciones en la página web, dado que una página de este tipo debe ser muy dinámica. Además contaba con un canal de chat propio.
La experiencia es positiva y el alumnado se encuentra orgulloso de su página web, el problema es que, como la mayoría no puede acceder a Internet, la utilidad real es bastante baja, es decir, el recurso está sumamente infrautilizado.
EXPERIENCIA B)
Durante dos sesiones de una hora cada una, en noviembre de 2000, el alumnado se dedicó a buscar y navegar por webs de historia, tanto las indicadas por el profesor como por las encontradas en la búsqueda libre. Hay que señalar que lo reducido de la experiencia se debió a las limitaciones con que contábamos: una sala de informática con pocos ordenadores y menos conectados, con una fuerte demanda por parte de todo el profesorado del centro y constantemente ocupada y, por lo tanto, limitada su utilización a un cuadrante mensual de utilización en que las horas se reparten equitativamente entre las distintas asignaturas y profesores.
En general, esta experiencia también se puede valorar como positiva pues se cumplieron los objetivos antes señalados: se abrió una ventana a los alumnos que les ofrecía nuevas posibilidades y de la que ya conocen en la práctica su existencia y sus posibilidades, etc.- Sin embargo, se constató también que el alumnado que no tiene un bagaje conceptual y procedimental mínimo, ni unas destrezas intelectuales imprescindibles, se encuentra perdido y es incapaz de “procesar” (entender, asimilar...en definitiva, utilizar y aprovechar) los contenidos curriculares que le ofrece la red. En resumen, es como el que sabe leer, identificar y unir las letras formando palabras, pero desconoce el significado de esas palabras. Es decir, la red por si sola no es una varita mágica que resuelve los problemas de conocimiento.
CONCLUSIONES
A mi modesto entender las conclusiones que se sacan de la experiencia son pocas pero contundentes:
- Internet es un recurso valiosísimo para la enseñanza, quizás el más importante en la historia de la humanidad hasta nuestros días.
- Hay que aumentar las posibilidades de acceso a Internet para toda la población, porque sino es así, verdaderamente –como ya algunos han anunciado- solo servirá para acrecentar las diferencias sociales, a pesar de su aspecto aparentemente democrático.
- Si el alumnado no tiene una formación intelectual, conceptual y procedimental previa no podrá sacar partido a esta fabulosa herramienta que es Internet. O lo que es lo mismo, la cantidad de información disponible en la red no suple la falta de desarrollo intelectual.
POSIBLES SOLUCIONES
1) Las Administraciones Públicas deben hacer un esfuerzo veraz, no exclusivamente propagandístico, para que el acceso a Internet en los centros educativos esté al alcance de todo el alumnado con facilidad y fluidez, y lo debe de hacer pronto porque de otro modo nos quedaremos rezagados en el desarrollo. Los docentes estamos cansados de ver propaganda política de los distintos gobiernos autonómicos o estatales que hacen afirmaciones tales como que todos los centros educativos tienen tantos ordenadores o que están conectados a Internet, cuando en realidad se refieren a 20 o 30 ordenadores para centros de 600 o 1000 alumnos, en los cuales solo hay disponible una línea de conexión a Internet. El gasto sin duda es cuantioso, pero creemos que es una “inversión” necesaria y que tendrá una alta “rentabilidad”, por expresarlo en el lenguaje economicista al que tan acostumbrados nos tienen nuestros políticos.
2) Las empresas relacionadas con Internet (de informática, de telefonía, etc.) también deben de hacer un esfuerzo en abaratar los productos (o bien mediante conciertos y patrocinios) para hacerlos llegar a la gran mayoría de la población.
3) Es necesario concienciar a los padres de que el ordenador e Internet no son sólo un “juguete” caro, sino una herramienta básica para el futuro de sus hijos e hijas.
4) Se debería facilitar a la iniciativa privada la instalación de “cibercafés” o salas de Internet con apertura en horas no lectivas, fines de semana y horario nocturno, pues además constituirían una de las posibles alternativas a los problemas de la “movida”. Esto es especialmente válido en los núcleos rurales de población –como en el caso del lugar a que se refiere esta experiencia- dónde además los ayuntamientos también deberían tomar la iniciativa, y ofrecer salas de Internet en horarios de ocio, gratis o a precio reducido, al igual que se está planteando abrir las bibliotecas públicas los fines de semana.